Bukele, paredón y después
Por el Dr. Néstor Figarola
La tentación es grande y está al alcance de la mano. Las imágenes de cárceles llenas de delincuentes, el discurso sencillo y grandilocuente. La simplificación de las propuestas y las soluciones partiendo de situaciones estereotipadas nos ponen ante el gran desafío.
La aparición de líderes como el señalado Nayib Bukele, quien ha implementado un régimen de mano dura contra una situación insostenible, se muestra como un paradigma. El encarcelamiento a mansalva de los sospechosos, para luego detenerse a reflexionar sobre los cargos, se muestra como “la” solución. Lamento informarles: NO ES VERDAD.
En muchos lugares se ven deslumbrados por lo que ven en El Salvador, la creciente ola de violencia, sumado a la crisis económica y el descrédito de la clase política (la “casta” al decir argentino) hacen que buena parte de la población se exprese en términos tales como “no me importaría que un gobierno no democrático tomara el poder, siempre y cuando solucionara los problemas”.
El desarrollo de las mafias transnacionales de la droga, las economías débiles y la falta de solución a los problemas cotidianos (falta de servicios, deterioro de la calidad educativa, destrucción del sistema de salud, etc.) son la mayor amenaza que enfrentan los líderes democráticos.
Los caudillos fueron las figuras determinantes del siglo XIX, pero sus resultados terminaron en un retroceso generalizado, no solo de los sistemas de gobierno, sino de la economía en general y la calidad de vida en particular.
Creer que la solución está entregando la suma del poder público a un líder carismático, más temprano que tarde nos colocará en una situación de indefensión y el famoso contrato social, que tanto nos costó construir, será una aspiración utópica.
Los populistas autoritarios de hoy pueden presentarse en diversos formatos (Trump, Putin, Bukele, etc.) más atemperados en su accionar, pero su esencia es siempre la misma: EL CONTROL TOTAL DE TODOS LOS RESORTES DEL PODER.
El ejemplo de Trump, exigiendo a un funcionario de su partido que “encuentre los 11.800 votos que faltan” no hace más que demostrar el desprecio por las instituciones básicas de la convivencia, ya no democrática, sino social.
Expresar ideas “pseudo liberales” no implica una actitud democrática, si quien las expresa se maneja de manera autócrata.
La elección que enfrentan las democracias actuales, no pasa solamente por proporcionar el crecimiento económico adecuado, la lucha eficaz contra el crimen y la mejora en los servicios públicos, sino DESMENTIR EL CANTO DE SIRENAS QUE REPRESENTAN LOS POPULISMOS.
Decía Alberdi: “La Constitución es el fin y la Ley proporciona los medios”, cuanta falta hace que comprendamos la profundidad de la frase.