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El trabajo no es cuestión de género, es una cuestión de ganas
SOCIEDAD

El trabajo no es cuestión de género, es una cuestión de ganas

Venciendo antiguas dogmas y estereotipos obsoletos, el equipo 100% femenino de recolectoras urbanas de residuos reciclables alientan y demuestran la existencia la igualdad de género en el trabajo. “Tenemos que dejar de hablar de trabajos de hombres y de mujeres”, afirman.


Orgullosas de su trabajo, cumplidoras y empoderadas, Gisselle, Marina y Fátima conforman el único equipo femenino de recolectoras urbanas de residuos reciclables de San Martín del programa “Separar, Reciclar, Crecer”.

Recorren el distrito concentradas en su trabajo y siempre dispuestas a devolver una sonrisa, un saludo y el aliento que reciben de otras mujeres.

Desde mayo de 2021, Fátima Ponce (19 años), Marina Navarro (33 años) y Giselle Jara (28 años) salen a la calle a hacer un trabajo hasta hace poco exclusivo de hombres y a las tres esta oportunidad les cambió la vida.

Marina es madre soltera de cuatro hijos. Trabajaba en la cooperativa “Por la Independencia” en construcción y, además, cocinaba dulces para vender. Su hijo mayor tiene 16 y se encarga de sus hermanos de 13, 6 y 3 años. “Ahora están todos escolarizados”, explica con cierto alivio. “También está mi novio que me da una mano, más que el padre”, dice.

Giselle vendía mercadería en una feria, nunca había “estado en blanco” y vive con su familia, arriba de la casa de sus padres.

Fátima, de 19 años, ayudaba a su mamá en limpieza. Y con este empleo, debuta en el “circuito oficial”.

Las tres se enteraron de la convocatoria e ilusionadas, presentaron su currículum. Las tres, por primera vez tienen un trabajo en blanco; trabajan de domingo a jueves, de 8 a 15; viernes y sábado tienen franco.

Viven en distintos barrios de José León Suárez y todas las mañanas van a buscar el camión a San Vicente 5793, en Villa Libertad. De allí parten a recoger los deshechos reciclables, los lunes por Villa Maipú; los martes pasan por Malaver; los miércoles, por José León Suárez desde las vías hasta Alcorta y, los jueves, de la estación de Suárez hasta la avenida 9 de Julio. Después los dejan en dos cooperativas, una de J.L.Suárez y otra de Billinghurst.

“Somos las primeras y únicas tres mujeres del programa de recolección del Municipio, las otras zonas son cubiertas por hombres”, cuenta Giselle, la encargada del manejo y única chofer mujer. “Manejo desde antes de los 18, me encanta manejar cosas grandes, en realidad manejo todos los vehículos a los que me subo. Yo tenía registro de autos y camionetas y al llegar acá tuve que ampliar mi registro para manejar los camiones”, cuenta feliz de trabajar en lo que le gusta. “Me encanta, pero no solamente manejo”, agrega, ya que cuando la recolección se hace pesada o se complica, se baja a ayudar a sus compañeras, para “dar vuelta los contenedores o tirar bolsas” al camión.

Mientras trabajan y recorren escuelas, oficinas, dependencias municipales, supermercados y otras instituciones, acaparan las miradas y reciben “buena onda y aliento, sobre todo de las mujeres”, cuentan. 

“Nos apoyamos entre las mujeres, nos cruzamos muchas veces con chicas colectiveras y nos tocamos bocina”, cuenta Giselle. Pero no todo es color de rosa, “algunos varones se quedan sorprendidos y otros nos mandan a lavar los platos”, dice.

Orgullosas y cumplidoras en el trabajo

“Este trabajo para mí es un orgullo, las mujeres nos miran y nos dicen vamos ustedes pueden”, relata Giselle y asegura que al verlas sus pares descubren la posibilidad “de hacer un trabajo que antes hacían solo los hombres”.

“No hay trabajo que no podamos hacer las mujeres. Mi compañera Marina, por ejemplo, trabajaba en construcción, en una cooperativa de mujeres que construyen casas, ella ya venía de un trabajo que antes era exclusivo de hombres. Tenemos que dejar de hablar de trabajos de hombres y de mujeres, ahora es un trabajo sin género”, enfatiza.

“Nos sentimos orgullosas cuando valoran nuestro trabajo. Claro que hay hombres que no lo valoran, pero nosotras levantamos tachos al igual que ellos”, asegura Marina y arremete: “Nos sentimos orgullosas porque nos ven haciendo trabajos que antes solo veían en los hombres y, no es por menospreciar, pero nos ven hacer el trabajo mejor que ellos y eso a nosotras nos llena de orgullo”. 

Y, tras asegurar que no les falta fuerza para el trabajo, afirman que “los hombres se complican un poco más, las mujeres a veces hacemos las cosas más simples”.

Fátima, por su parte, también valora el trabajo, cuenta que fue aprendiéndolo y que “mis amigas y mi familia están sorprendidas del trabajo que tengo, de estar colgada atrás en un camión”.

“Nosotros somos el equipo que menos falta”, aseguran orgullosas. Y afirman que aunque llueva, salen a hacer su trabajo, a no ser “que llueva mucho y se apiaden de nosotras” o bien se moje el material reciclable. 

También trabajan cuando no se sienten del todo bien o molestas, esos días de cada mes en que las mujeres suelen padecer dolores. “Eso siempre lo hablamos; cuando estamos doloridas nos tendrían que dar, aunque sea un día para quedarnos en casa, porque es feo trabajar así; pero como es igual para todos, tenemos que trabajar”, aceptan.

Para cerrar las tres arengan a que “las mujeres se animen a hacer trabajos de hombres”, coinciden en que “no hay que tener vergüenza, los hombres siempre dicen que las mujeres no servimos para nada, pero las mujeres hacemos de todo”. Y sin duda ellas son un claro y valioso ejemplo de que trabajos otrora masculinos, bien pueden ser realizados sin distinción de género, porque el trabajo no es cuestión de género, es una cuestión de ganas.


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