Las P.A.S.O. mataron a los partidos políticos…
Por: Cdor. Néstor Figarola
Estamos en octubre de 1982, un joven se acerca al “puntero” de la zona y le manifiesta su intención de participar de la vida política del distrito. El puntero entre pitada y pitada del cigarrillo le extiende tres fichas y le espeta claramente: “Llenalas con letra de imprenta y tráeme una copia de tu libreta” …
Paso más o menos, es lo hecho por la mayoría de quienes participamos políticamente en los partidos tradicionales. Así, esa ficha de afiliación permite (luego de cierta antigüedad) ser candidato a autoridad partidaria y, elegir y ser elegido para los cargos en disputa. En mi caso, participé en el año 2004 de la reforma de la Carta Orgánica (la “constitución” de la UCR), siendo coautor de varios pasajes y el que escribió el Código de Ética, que rige a los afiliados de la provincia de Buenos Aires (Nota: Influido por Eduardo Lorenzo “Borocotó” hijo, ese código permite que el partido le reclame el cargo electivo a quien decide cambiar de espacio político).
A una elección interna cada dos años, pasaron 20 elecciones en las que he participado, manteniendo una conducta democrática partidaria acorde a lo normado.
Así, si uno recorre el camino de manera ordenada y acumula méritos tanto en lo formativo como en lo político, es muy probable que sus pares vean su persona como potable de ser electo y de disputar un cargo público. El partido político genera la metodología y luego de una elección interna, se proclama el candidato que se presenta a la ciudadanía para disputar el cargo en cuestión representando el pensamiento e ideología que ese partido representa, pero…
La Ley 26571, que tiene el pomposo título de LEY DE DEMOCRATIZACION DE LA REPRESENTACION POLITICA, LA TRANSPARENCIA Y LA EQUIDAD ELECTORAL, proclamó las Primarias (P), Abiertas (A), Simultáneas (S) y Obligatorias (O), mediante la cual se establece el formato de elecciones que hoy conocemos. Por la manera en que está estructurada la Ley, cualquiera puede presentarse a elecciones si tiene un partido político que lo avale.
La forma de presentación de listas ha sido tan amplia y “democrática” que hace innecesaria la pertenencia a un partido, necesitando -simplemente- que se avale la lista por parte de quienes están afiliados (de la forma que sea).
Así las cosas, la militancia, la formación y hasta la idoneidad para ocupar un cargo público se ven interpeladas por la “fluidez” que tiene la conformación de una lista que se fija más en el nivel de conocimiento de quienes la conforman que en las compatibilidades necesarias para ocupar el lugar o ser miembros de un futuro gobierno.
Ningún mediático hubiese atravesado el filtro de una convención que proclama un candidato, ya que para eso necesita militancia y conquistar a sus electores.
Puestos en este lugar, de qué le sirve a un afiliado disputar el espacio interno, alcanzar los más altos honores partidarios, si luego, por una cuestión de conocimiento (y cuando no) o de recursos, DEBE entregar la candidatura a quien “mide mejor”.
No extraña, entonces, que el debate sea pobre, las ideas poco claras y las propuestas extravagantes. Si no se recupera LA POLÍTICA, poco quedará para construir un ESTADO DE BIENESTAR, ya que como decía Raúl Alfonsín: “Usted puede discutir con alguien que esté a su izquierda o su derecha y va a tener una discusión racional, lo que es imposible es discutir con un populista, porque le contesta con voluntarismo, con slogan, con inescrupulosidad, con demagogia. Entonces, claro la cosa se hace mucho más ramplona de lo que el pueblo argentino merece”.
Si no recuperamos el DEBATE POLITICO REAL, poco podremos ofrecer a nuestros electores y ese ámbito no son las PASO, son los PARTIDOS POLÍTICOS.