Los Muertos de Plaza de Mayo se presentó en San Martín
Ante un estoico auditorio que soportó los 35° del miércoles 16 de noviembre, se presentó la obra “Los Muertos de Plaza de Mayo”, del profesor de historia e historiador Héctor Daniel De Arriba, en el Círculo de Periodistas de General San Martín, acto del que participó el Circulo Literario local.
La investigación que llevó casi cinco años documenta hechos que no habían sido difundidos en detalle acerca del número de víctimas de la intolerancia en octubre de 1945, abril de 1953 y junio de 1955 en inmediaciones de la Casa Rosada.
Dijo De Arriba en la presentación: “La historia mundial y en particular nuestra historia nacional, está llena de hechos aberrantes que se caracterizan por la destrucción masiva o individual de seres humanos (…)Los adultos, jóvenes y niños que murieron en nuestras guerras civiles, en nuestros atentados internos, en los días oscuros de nuestro pasado argentino merecen no sólo ser recordados como un número, con nombre y apellido y homenajeados cada tanto, sino también traer al presente sus vida”.
De la documentación a la que tuvo acceso el investigador, no se pudo determinar el número exacto de muertos, pero se puede decir que fueron más de 208, algunos de los cuales eran residentes de nuestro distrito de General San Martín. Por lo menos tres, fueron identificados; Alfredo Gregorio La Rosa, Ernesto Miatello y Rodolfo Bolton.
Desgarradores relatos pudo recoger De Arriba en su investigación. En la página 153 del libro puede leerse: “Ese 16 de junio al mediodía, inesperadamente se declaró asueto en dicha dependencia y como era habitual para él (se refiere a Juan Carlos Marino) pasó por la Plaza de Mayo, porque era el camino obligado de retorno a casa. En el momento en el que él se dirigía a la entrada del subte de la línea A de Plaza de Mayo, se desata el bombardeo y encuentra su final (…) Como no regresaba a su casa, comenzó su búsqueda entre el tendal de víctimas que se dejara atrás y fue encontrado en un lugar denominado Asistencia Pública, donde al decir de su hijo Miguel Ángel Marino, había que pasar por encima de una “pila” de cadáveres, irreconocibles en su mayoría, en donde la sangre se pegoteaba en los zapatos…”
Jorge Sombra