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Pintando Sonrisas en Ballester
SOCIEDAD

Pintando Sonrisas en Ballester

Tiempo, dedicación y solidaridad de vecinas ballesterenses posibilitan que cientos de chicos tengan la alegría de tener su juguete nuevo y propio.


Ballester tiene ese qué se yo… En varias oportunidades, desde Reflejos, compartimos historias, personajes o acciones que distinguen a nuestra ciudad. Hay decenas de singularidades que destacan a nuestra villa. Y Pintando Sonrisas es un proyecto que se suma a ese caudal de emprendimientos de buena cepa.

Pintando Sonrisas es un proyecto que concreta el sueño de que cada chico tenga su juguete propio. Está formado por 13 mujeres, que desde marzo pasado se reúnen cada viernes, en el club Suabos del Danubio -de la calle La Paz, a metros de Arenales- para confeccionar juguetes. El grupo se fue formando desde la solidaridad, el amor y el desinterés. Cada semana se reúnen, té de por medio, para hacer juguetes que ayudan al desarrollo cognitivo y que son entregados a UPA - Unidos Para Ayudar, una ONG fundada hace más de 10 años por Víctor y Rita, un matrimonio de un arquitecto y una modista, jubilados, voluntarios del Banco de Alimentos. Todo comenzó allí y se fue gestando naturalmente, cuando Diana Bertermann, también voluntaria del Banco de Alimentos y docente de Villa Ballester, los conoció.

Los comienzos de este proyecto no son rápidos de resumir. Víctor trabajaba voluntariamente en el área social y visitaba distintas organizaciones sociales; entonces notó que además de alimentos, muchos chicos necesitaban un juguete propio. A partir de allí todo comenzó a fluir. Desde el Banco de Alimentos se ofrecieron cursos de madera y costura a tal fin; a Diana le encargaron convocar interesados en participar y, poco a poco, fueron sumándose manos e ideas, entre ellas Gabi Schönnagel, quien tras la pandemia y el parate obligado de actividades, ofreció la sede de los Suabos para continuar con el proyecto que tuvo que interrumpirse allá por 2020. Pero el aislamiento por el Covid no pudo con este proyecto, que a pesar de todo resistió, continuó y se mantiene.

En la actualidad Diana y Gabi están acompañadas por otras 11 mujeres: Marité Boix, Roxana Volpe, Mónica Stieger, Graciela Sautner, Betty Höhn, Graciela Maria Di Giacomantonio, Mary Colacone, Stella Araya, Marina Hanson, Margarita Mantel y Monik Kuhn. Cada viernes se reúnen a pintar juguetes de madera, a lijar si es necesario, y empaquetarlos. Cada semana se juntan en un horario en que el Club no tiene actividad y desintersadamente presta su espacio para que ellas trabajen y, también, guarden su producción, que luego será entregada a Victor y Rita y ellos, desde su ONG, harán llegar a distintas escuelas rurales, comedores comunitarios, hogares de Buenos Aires y también del resto del país, como Misiones, Catamarca, Jujuy y Santiago del Estero, por nombrar algunos.

Como el trabajo, también parte de la materia prima para trabajar llega a través de la solidaridad. La madera que utilizan para los juguetes es donada por algún aserradero o vecinos a los que les sobran recortes. Pero no sucede así con los Trabajan con material donada madera gente del barrio Aserradero vecino que compran placas y le sobra un pedazo.

Agente de upa ya tiene trayectoria salió en los medios ya desde antes de la pandemia estuvieron en quiero ser millonario programa del Moro y ganaron plata para un par.

Utilizan aacrílicos y la pintura a la tiza, los pinceles o  fibras indelebles que utilizan para pintar. Por eso invitan a quienes quieran colaborar con Pintando Sonrisas a donar ese material, así como a quienes quieran sumarse al grupo para donar su tiempo y confeccionar los juguetes.

Otra necesidad es contar con quien corte madera, alguna carpintería o vecino que disponga de maquinarias y la voluntad de colaborar, aunque sea “una hora a la semana”, dicen. También sería necesario contar con quien pueda transportar periódicamente los juguetes hasta Florida, a la sede de UPA, desde donde luego se distribuyen.

La tarea es muy gratificante. Todas destacan la tranquilidad de saber que los juguetes son entregados donde realmente son necesarios, los esperan y valoran. Saben que ese será el primer juguete nuevo -no heredado de algún hermano, primo o amiguito- para cada uno de los chicos que lo recibe. Ente otras cosas, las señoras de Pintando Sonrisas también destacan que disfrutan colaborar porque “desde UPA recalcan que hay cero política, entonces realizamos los juguetes con esa confianza de saber que van a llegar a un lugar que se necesitan y no se lucra con eso”. Además, reconocen que el pintar y armar los juguetes es como una terapia, ya que como comentó Mónica “cuando pintamos no aparecen pensamientos negativos” y coinciden en la emoción que sienten “al ver que los juguetes llegan a donde tienen que llegar y provocan esas caritas felices de los nenes que reciben algo hecho por nosotras”.


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