Psicopedagogía de la diversidad

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                                                                   Por Miriam L. Pacheco **

Al mencionar diversidad considero necesario remitir este concepto a la posibilidad de citar información relevante desde la valoración de lo diverso, lo diferente, de lo que es variedad, de aquello que tiene que ver con las diferencias donde “uno no es igual al otro” es decir, considerar las marcas individuales que enmarcan la subjetividad propia y lo singular de cada niño, adolescente, personas adultas y mayores.

Compartí varios años en instituciones escolares desempeñando diferentes roles docentes como, por ejemplo, ser la “seño de salita de 3 años, de 4 o de 5 años” en Nivel Inicial, o ser la directora o la vicedirectora por muchos años consecutivos de uno u otro jardín del Partido de San Martín. Actualmente, considero importante posicionarse y posicionarme en una mirada integral del sujeto, aquella persona que crece en un contexto que le es propio, donde establece relación con otras personas en una red de interacciones que forman ese entramado complejo de un ámbito social. 

Y, ¿por qué actualizar esta mirada? Porque hoy en la inmediatez que nos convoca en el ritmo de vida y la individualidad que nos enviste a cada uno, a pesar del alcance de la comunicación, es necesario atender desde lo diverso para dar lugar a lo que cada sujeto puede, siente y proyecta, para ir fortaleciendo el aprendizaje significativo y apropiado con tiempos y ritmos propios.

Relacionando lo anteriormente dicho con la posibilidad de andamiar y fortalecer los aprendizajes de los niños, tomo el concepto de la “Teoría del aprendizaje significativo” en el cual David Ausubel refiere que es un proceso cognitivo donde el alumno conecta nueva información de manera no arbitraria y sustancial con sus conocimientos previos (estructura cognitiva). Esta teoría constructivista busca que se asimile y relacionen conceptos, logrando una retención de la información de modo duradero a diferencia del aprendizaje memorístico. Lo fundamental es salir de la homogeneización, ya que los abordajes homogeneizantes dan lugar a la exclusión. Dejar el paradigma de normalidad donde todos actúan bajo la misma lupa y se reflejan dentro de la normalidad, lo estándar, con las mismas o parecidas respuestas. 

Pensar la diversidad da lugar a pensar en la inclusión.

Se trata de andamiar el aprendizaje, el desarrollo del sujeto en una interacción y cooperación social atendiendo a la diversidad con una escuela promotora de considerar las diferencias, en acción cooperativa y solidaria, motivada por un hacer afectivo, cognitivo, racional, teórico-práctico con aprendizajes para formar sentido ético como base de las relaciones humanas.

Reconocer a la persona como un otro diferente a uno mismo permite dar prioridad a habilitar la palabra, a tener una escucha atenta y actuar amorosamente para fortalecer lazos que aseguran los aprendizajes.

Parafraseando a Caetano, “de cerca nadie es normal” y, a partir de ello, debemos aprender a abrazar la alteridad y escuchar, ver y convivir con la otredad.


** Docente de Nivel Inicial y licenciada en Psicopedagogía